Solaris, de Stanislav Lem
Obra clásica en la literatura de ciencia ficción y ejemplo citado mil veces sobre este género en Europa, Solaris, decimocuarta novela en la vida del polaco Stanislav Lem, corre el riesgo de convertirse en algo tan mítico que dé pereza leerlo. Y sería un error dejar que esta obra, por entrar en un Olimpo que merece, perdiese su contacto con el posible lector.
Es el riesgo que corren las obras maestras y, desde luego, Solaris lo es. A la novela no le pesa un final anticlímatico, porque, en el fondo, tras un punto de partida y un desarrollo del argumento tan demoledores, cualquier manera de cerrar el relato no conseguiría completar el círculo virtuoso.
Claustrofóbica y onírica, narra la historia del científico Kelvin, que acude al planeta Solaris para sustituir a otro colega muerto y descubrir por qué falleció. Solaris es un planeta peculiar: no tiene un sólo metro de tierra y está ocupado por un extenso océano del que la comunidad científica citada en la novela discute si es un ser vivo pensante o no. Al llegar a la estación espacial del planeta, Kelvin comprueba como los pocos que están allí viven al borde de la locura.

Con esas pocas ideas de base y sólo tres personajes humanos (y un cuarto que es algo más), Lem escribe una novela de ciencia ficción que apenas sigue los patrones del género. Los extraterrestres que en ella aparecen extraterrestres que no son al uso, el ritmo es lento y sombrío y apenas hay acción. Al contrario, Solaris es una novela psicológica, que lo mismo puede valer como estudio de la esquizofrenia que como novela de “primer contacto” (esto es, de descubrimiento de una raza no humana).
Encerrado en un estilo seco, simple y sin dejarse ver, Lem convierte la novela en un espacio muy cerrado, en el que nada queda claro ni siquiera cuando está explicado al máximo. Es el caso, por ejemplo, de los fenómenos provocados por el océano viviente de Solaris. Esas simetríadas, fungoides o minoídes se explican con precisión escolástica, pero nunca se sabe qué significan. Queda fuera de toda discusión, después de leer la novela, la capacidad inventiva y descriptiva de Lem, que se apoya en recursos borgianos, como esa amplia bibliografía científica inventada y detallada con precisión quirúrgica.

En cierto modo, Solaris es una novela de terror psicológico, porque miedo es a lo que se enfrenta el ser humano cuando descubre su insignificancia, su pequeñez, en el contexto de la Galaxia. El planeta Solaris enfrenta a los habitantes de la estación a sus más íntimos miedos, a sus errores más dolorosos; les obliga a decidir si quieren comprender algo para lo que no están preparados cuando ni tan siquiera se conocen a sí mismos.
Hay quien acusa a Lem de ser extremadamente frío, principalmente por las reacciones del protagonista respecto a su peculiar historia de amor, pero no es del todo cierto: una de las características del escritor polaco es el perenne cuestionamiento de la realidad. Y ante una situación así, en la que los personajes no saben si lo que viven es real o no, ¿quién puede pedir que actúen a pecho descubierto? En cualquier caso, ¿se puede acusar de fría a una novela que tiene unos párrafos finales tan incendiados como ésta?
Solaris es una novela fabulosa a la que también se acusa de ser un relato corto extendido. Puede ser: en primera instancia, no pasa nada (algo muy mal visto en estos días); en el fondo, las convulsiones de los pocos personajes que pueblan el planeta son tremendas. Y, desde la distancia y de modo casi enciclopédico, Lem consigue hacer que de un buen relato de ciencia ficción se pase a una gran novela sobre la culpa y los rincones oscuros del alma.
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El film de Andrei Tarkovsky (1972) es exquisito, mantiene la sensación de agobio e incertidumbre perfectamente.
He visto que hay otra peli del 2002 pero no sé que esperarme, alguien la ha visto¿?
Sí, gade10f, y si te gustó Tarkovky ni lo intentes. Yo soy de tu opinión, la película de 1972 es absolutamente genial y deja en el aire todo, igual que en el libro. Obliga a rellenar muchos vacíos.
La versión de Soderbergh se pasa el libro bastante por el forro y es mucho menos sutil. A mí me horrorizó.
De acuerdo con P. Roberto J., Si te gustó la película de Tarkovsky y quieres mantenerla intacta en tu cabeza, no veas la de Soderbergh, no es muy mala, pero el sabor que deja la de Tarkovsky es irrepetible ;)
Ah! por cierto, genial el blog, me voy a hacer lector habitual ^_^
Pues bienvenido, Ciclopez. Encantados de tenerte por aquí y de tus comentarios. Un saludo.
Pues a mí la peli de Soderbergh me gustó mucho, pero porque la ví con otra óptica distinta, la de ser una bonita pero trágica historia de amor con toques de ciencia ficción que toma como inspiración a la novela sin pretender llevar a cabo una adaptación fiel de la misma.
Porque seamos sinceros, hacer una adaptación cinematográfica que provoque las mismas sensaciones que la obra maestra escrita es sencillamente imposible. La novela es absolutamente desgarradora, con esos pasajes en los que el protagonista desglosa toda una filosofía metafísica y sus cruentas implicaciones morales de las que Lem hace partícipe y cómplice al lector, no pueden ser trasladadas a la gran pantalla en toda su plenitud. Sólo pueden apreciarse con una lectura atenta y tenaz que requiere un esfuerzo contínuo, constituyendo una experiencia obligada para todo buen lector que se precie.
Saludos!
A mi al igual que MASP tambien vi la pelicula de Soderbergh y me gusto por la manera en que describe como tu logica se sobrepone a tus sentimientos, aunque son ellos en cierto modo los que determinan la personalidad de todos.