Alan Moore

Quiero dejar constancia de un hecho que personalmente me parece irrefutable: Alan Moore es Dios. Al igual que el mundo de la pintura tiene a su Picasso y a su Van Gohg, y el del cine a su Billy Wilder y a su Kubrick, el gremio actual (y los aficionados en general) coincide en su inmensa mayoría en catalogar a Alan Moore como el mejor guionista vivo de la historia del cómic.

¿Es esto exagerar? Yo creo que no. Y en vez de exponer las numerosas virtudes de este genial guionista inglés que me llevan a pensar esto, voy a dejar que sea él mismo quien las enuncie a través de diez obras que considero esenciales en su obra. Serán sólo diez, como los divinos mandamientos, suficientes como para darse cuenta de que no hay ningún guionista que se acerque a la minuciosidad de Moore a la hora de contar una historia. Dies historias que, tal como reza el primer mandamiento, harán que ames a Alan Moore sobre todas las cosas.

Aquellos que conozcan bien a Moore, estarán de acuerdo en que la primera obra que debe ser mencionada es Watchmen, no porque sea noticia el rodaje de su adaptación al cine, sino porque es una obra única que consiguió hacer cambiar el punto de vista que tenía mucha gente sobre el mundo del cómic, pasando de ver un hobby infantil cuyo objetivo principal era el entretenimiento, a reconocerlo como una vía de expresión artística más, sin nada que envidiar al cine o la música. Esta fue precisamente la intención de Alan Moore, que literalmente dijo que su objetivo era crear “un Moby Dick de superhéroes”.

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