Con este agradecimiento Patrick Rothfuss ya nos advierte sobre la fuente de la que bebe gran parte de la imaginería de su primera novela, ‘El Nombre del Viento’ (The Name of the wind), un relato deliciosamente redondo que nos sumerge en un mundo fantástico que resulta a la vez conocido y original. Muchos han comparado a Rothfuss con autores como J.R.R. Tolkien o Ursula K. Le Guin, sin duda el sueño de todo escritor para su debut, compartiendo un acertado gusto por las descripciones detalladas ayudando a construir un paisaje vívido y profundo que con frecuencia alcanza un estatus absolutamente poético.
“He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mi.”
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