Todos nos temíamos que ‘A Game of Thrones: Genesis’, el primer videojuego basado en ‘Canción de Hielo y Fuego’, no iba a acabar bien. Por muchos factores: por las pintas, por el miedo habitual a una adaptación, por elegir ser un RTS (cuando quizás a ‘Juego de Tronos’ lo que le pega precisamente es la estrategia por turnos y por la compañía encargada de la adaptación.
Pero, a ver, en algún momento a todos nos llega el momento de dar el salto, incluso aunque sólo sea un destello esporádico y luego, los que de talento andamos escasos, tengamos que volver a nuestra mediocridad (sana, generalmente, que tampoco hacemos demasiado daño a nadie). Y en eso, en que Cyanide aprovechara para dar el salto, es en donde estaban depositadas nuestras esperanzas. Ahora queda claro que era bastante vanas.
La búsqueda de un gameplay diferenteNo todo van a ser defectos, aunque luego nos encargaremos de señalar los más obvios (sí, puede que esté muy feo hacerlo, pero así vais avisados). ‘A Game of Thrones: Genesis’ quiere ser un RTS, pero también quiere diferenciarse de un ‘Total War’ que ya se ha convertido en el estándar. Y tenía la obligación de intentar algo así para tratar de plasmar de los engranajes que mueven el “juego de tronos”, que al fin y al cabo es lo importante de la saga de Martin.
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