¿Os acordáis de lo que era comer los chicles Boomer o Cheiw cuando éramos pequeños? Cuando te lo metías a la boca, la primera sensación era la mejor: con todo el sabor que prometían los paquetes y mucho más. Pero, a medida que alargabas la experiencia de mascar chicle, no es que el sabor desapareciera, sino que la goma se iba transformando en un engrudo inclasificable hasta acabar dando más asco que otra cosa.
Sin llegar a esos extremos, algo parecido le pasa a Justicia, la maxiserie de doce episodios que firmaron Krueger, Braithwaite y Alex Ross, y que acaba de terminar en España. Cuando está de por medio el nombre de Alex Ross, responsable entre otras cosas de Kingdom Come, uno ya sabe que el aspecto gráfico va a ser impecable. Ross borda el diseño de personajes, aunque hay quien piensa que su estilo es demasiado hierático como para dar vida a las páginas interiores de cualquier historia. Vamos, que para portadas es perfecto y para el resto es mejor que les dejen a otros.
Personalmente, no estoy de acuerdo: cierto que Ross peca de estatismo, pero en tebeos como Justicia, donde la espectacularidad de las páginas prima por encima de cualquier otra cosa, sus lápices brillan a la altura de lo esperado y deberían contribuir a hacer una buena obra de superhéroes. Aquí pasa en los cuatro primeros números de la saga.
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