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Émile Bravo

Viñetas desde o Atlántico 2010: crónica y galería de fotos

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A lo largo de la semana pasada, A Coruña acogió la XIII edición de Viñetas desde o Atlántico, el salón en el que los personajes salen de las páginas de los cómics para inundar con su presencia las calles de la ciudad. Y es que en Coruña el cómic sale de su gueto y no sólo gracias a las figuras de cartón piedra que encontramos en diferentes rincones (este año con un nuevo invitado, el Joker), sino también por la propia organización del evento: exposiciones gratuitas y stands al aire libre, para que todo el mundo, y no sólo los comiqueros más acérrimos, puedan disfrutar de esta fiesta del 9º arte.

Este año el plato estrella ha sido la exposición retrospectiva dedicada a Will Eisner, con deliciosos originales de algunas de sus obras más conocidas. A ello hay que sumar las exposiciones dedicadas a otros importantes autores (que además estuvieron presentes en el salón) como son Dave McKean, Émile Bravo, Luis Royo y Carlos Pacheco, entre otros. Los autores también compartieron momentos con los lectores en diferentes charlas y coloquios.

En diversas publicaciones gallegas, estos autores resaltaron el buen trato recibido y la magnífica organización, que hay que agradecérsela a otro importante autor nacional, Miguelanxo Prado, director del evento. En lo que respecta al público, creo que todos quedamos con buen sabor de boca por la oferta de este año y, aunque es imposible contabilizar la asistencia de gente al celebrarse en las calles, bastaba darse un paseo por allí para ver que la acogida había sido excelente.

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'Diario de un ingenuo', el pasado de Spirou según Émile Bravo

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spirou01.jpegÉmile Bravo, creador de álbumes tan peculiares como ‘Mi mamá está en América y conoce a Buffalo Bill’, acometió el año pasado la intimidante tarea de reescribir los orígenes de Spirou. El personaje creado por Rob-Vel en 1938 ha pasado por muchas etapas y autores diferentes, pero todos ellos siempre han coincidido en no volver la vista atrás salvo para guiños y homenajes puntuales, como en el caso de los álbumes realizados por Jean-David Morvan y José Luis Munuera.

Pero Bravo ha preferido dar un salto en el tiempo, tanto en la ambientación de la historia (situada en Bruselas, en el verano de 1939) como en el apartado gráfico, que recupera el trazo sencillo y espontáneo de los primeros años del personaje. De esta manera, nos encontramos a un jovencísimo Spirou que trabaja como botones en el hotel Moustic. Como reza el propio título, nuestro héroe es un chaval cándido e ingenuo que se encontrará a lo largo de estas páginas con las primeras complicaciones de la vida adulta, entre ellas el amor, enmarcadas por la preocupante situación política que pronto desembocaría en una de las guerras más sangrientas de la historia de la humanidad.

Una de las principales motivaciones de Bravo a la hora de confeccionar este álbum era dar respuesta a algunas de las incógnitas que han rodeado siempre a este personaje: ¿por qué va siempre vestido con su uniforme de botones, aunque ya no trabaje en el hotel? ¿Cómo conoció a Fantasio y comenzaron sus peripecias por todo el mundo? ¿Por qué su mascota, Spip, es una ardilla capaz de pensar y razonar? Estas y otras preguntas encuentran respuesta en las páginas de ‘Diario de un ingenuo’, muchas veces con una notable carga humorística que casi roza la parodia, aunque sin perder nunca el respeto por el personaje. Quizá la menos convincente sea la del uniforme, pero lo de Spip me hizo soltar una enorme carcajada, especialmente en el divertidísimo epílogo.

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