
Bárbara G. Rivero continua narrando la crisis entre reinos mágicos en ‘Laila Winter y la Maldición de Ithirïe’, tercera novela de la saga. Si con la anterior novela se confirmaba como saga, con esta Bárbara deja claro que ha encontrado el camino correcto.
‘La Maldición de Ithirïe’ es digna continuación de la anterior, que como ya comenté, se quedaba absolutamente abierta, quizás demasiado, puesto que apenas había una escena que pudiera ser considerada como desenlace. Y aunque en esta ocasión la autora no ha desaprovechado la posibilidad de mantener en vilo al lector, al menos sí ha cuidado de no decepcionarle. En la tercera entrega se ha conseguido un equilibrio entre tensión y desenlace más satisfactorio.
El ritmo de esta entrega es algo más pausado que el de la anterior. Si bien las protagonistas apenas tienen descanso, la acción es más calmada, aunque también más intensa. El tablero de juego, que ya ganó en complejidad, ahora se abre al lector.
Si en ‘Los Señores de los Vientos’ Laila y sus amigas se veían arrastradas por los acontecimientos, con la sensación de ser peones en las estrategias enfrentadas de las reinas, ahora son ellas las que se ven en la necesidad de dar el paso, establecer el plan, e implicarse para llevarlo a cabo.


Escribir novela fantástica es una tarea complicada. Primero, porque siempre habrá algún cenutrio que te comparará con Tolkien, con el que cualquiera, George R.R. Martin incluido, sale perdiendo. Después, porque es fácil caer en la tentación de la sobreutilización de palabras inventadas (“¡Por Graznak, Señor de todos los Wargers! El filo de mi krashtan beberá sangre goinka”). Para colmo, la competencia es atroz, y cada día aparecen una nueva miriada de novelas de este género, en su mayor parte olvidables. Bárbara G. Rivero le ha echado valor y debuta con ‘Laila Winter y las Arenas de Solarïe‘, saliendo con la cabeza bien alta.
