
Como se dice siempre, las comparaciones son odiosas. Pero bien cierto es que gracias a las comparaciones podemos sacar a relucir las carencias y virtudes de un determinado elemento o formato. El manga y el anime se prestan muy fácilmente a dicha comparación, eso es algo que sabemos todos los aficionados a estos dos canales de difusión para las historias provenientes de Japón.
Partiendo desde ejemplos concretos como Naruto, Captain Tsubasa o Dragonball (por sólo mencionar algunos), las diferencias entre manga y anime son evidentes. El manga de Dragonball siempre ha tenido un ritmo muchísimo más acelerado que su versión anime. ¿Quién no recuerda los “5 minutos” en los que tardaría en explotar Namek? ¿O las miradas entre Freezer y Goku que duraban perfectamente 3 minutos de reloj? ¿O el kilométrico campo de fútbol de Captain Tsubasa?
Menos mal que actualmente las cosas no son tan exageradas y el anime no estira de una forma tan cantosa las historias del manga original (si no contamos los temidos fillers). Es más, muchas veces es el anime quien complementa la historia original añadiendo ciertos detalles relativamente ajenos a la trama principal pero que ayudan a añadir trasfondo a la trama original. Así de primeras se me ocurre los primeros flirteos de Hinata con Naruto, los cuales se mostraron mucho antes en el anime que en el manga, sin erótico resultado.






