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Michael Lark

'La escena del crimen', de Ed Brubaker y Michael Lark [Diez Negritos]

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Jack Herriman es un joven detective privado que, a través de un conocido que trabaja en la policía, recibe el encargo de encontrar a una chica desaparecida en San Francisco. Al parecer, la joven estaba en contacto con una comunidad hippy, a la manera de las que se formaron durante los años 60, y ese será el primer lugar por el que empezará a tirar del hilo de una madeja peligrosa y muy enmarañada. A pesar de su juventud, Jack vive atormentado por diversos sucesos de su pasado con los que, como no podía ser de otra manera, tendrá que rendir cuentas a lo largo de la investigación.

Este personaje creado por Ed Brubaker responde al arquetipo de detective privado que configuraron las obras de Hammett y Chandler, pero con sus propias peculiaridades. Empecemos primero con los puntos comunes. Jack es el típico detective con una visión pesimista de la vida, cínico en sus conversaciones, y con una gran habilidad para meterse en todos los líos posibles hasta llegar al fondo de un crimen sin resolver. Pero al mismo tiempo también es una persona insegura, tal vez por su juventud o por las heridas del pasado. Además, su poca fortaleza física no le permite hacer uso de la violencia o de la extorsión para conseguir la información que necesita. Esto le obliga a afilar su ingenio, aumentando el interés de la trama.

También es destacable que Jack viva con su tío Knut Herriman, un célebre fotógrafo de crímenes que posee una galería en la ciudad, encima de la cual se localiza la oficina de nuestro protagonista. Esto le permite colarse en las escenas de los crímenes para encontrar las pruebas que el resto de fuerzas de la ley hayan pasado por alto.

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Daredevil #31, Brubaker presenta al hombre con miedo

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Daredevil 31

El número 331 de la edición española de Daredevil cierra Sin miedo, una saga que, hasta ahora, no me había parecido de las mejores de la pareja formada por Ed Brubaker y Michael Lark. Pese a que empezó con un número histórico (en más de un sentido), su desarrollo se extendió demasiado y la trama parecía sacada de cualquier historia de Batman con el Espantapájaros como adversario.

Hay algo que lo cambia todo al final de esta aventura y que permite reconciliarme con una colección que lleva ya largo tiempo (desde la época de Bendis) funcionando realmente bien: en la sexta parte de la saga, Brubaker se quita la pereza y vuelve a sentirse escritor. O, al menos, demuestra al lector a dónde quería llegar en los anteriores números, algunos de los cuales era en exceso autocomplacientes.

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Gotham Central: Servir y proteger, tomo indispensable

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Gotham Central

La sorpresa no es que Planeta recupere Gotham Central, serie de la que pudo editar su parte final, sino que lo haga con un tomo recopilatorio de 344 páginas en el que aparecen las tres primeras sagas de la estupenda serie policíaca escrita por Ed Brubaker y Greg Rucka y dibujada por Michael Lark. Además, con un precio relativamente asequible que, en todo caso, no debería echar a ningún lector atrás.

Si repito el tópico, Gotham Central es como una Canción Triste de Hill Street en medio de la ciudad del mejor detective del mundo; o sea, las historias de unos policías en la ciudad con más psicópatas por metro cuadrado. De cómo se enfrentan al duro día a día y de cómo hacen su trabajo cuando saben que, al caer la noche, Batman podría resolverlo sin apenas esfuerzo (y, por tanto, negando la razón de ser de cada agente de seguridad) es de lo que habla Gotham Central.

La serie, por tanto, de superhéroes no tiene nada. A veces, sólo las fugaces apariciones de Batman, muchas veces no para resolver los casos como un deus ex machina cualquiera, sino para dejar en evidencia o complicar el día a día de cada agente de la Unidad de Crímenes Mayores de Gotham.

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Daredevil #26, una gran celebración

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Daredevil

Hay que dejar las cosas claras: Daredevil, con Ed Brubaker y Michael Lark al mando, es una de las mejores series de las que actualmente publica Marvel. Cada mes contiene emoción, intriga, personajes sólidos y muy pocas decisiones discutibles. En el apartado gráfico, Lark ha conseguido crear la atmósfera perfecta para esta etapa de la carrera del justiciero ciego, y Brubaker ha hecho de su habitual gusto por el genero negro el motivo básico de la serie. El acierto ha sido total.

Su éxito puede encandilar no sólo a los amantes de las historias de superhéroes más tradicionales, sino también a la misma gente que disfruta de 100 balas, por dar otra referencia en cómic, o de novelas policíacas. Brubaker ya ha dejado dos sagas tremendas: una con Matt en la cárcel y otra siendo perseguido a la vez que perseguidor, de ruta por Europa. Y, aunque después de esos dos picos de gran altura la saga se haya resentido ligeramente, este número 26 sirve para ponerlo todo de nuevo patas arriba.

Sin embargo, lo mejor del cómic no está en la historia (donde Brubaker brilla) sino en su propia concepción artística. El número que este mes edita Panini corresponde al 100 de la edición estadounidense, que se pensó como una fiesta para celebrar la existencia de Daredevil y su buena marcha actual.

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