
La primera vez que escuché la noticia fue en Game Over, y ya entonces saltó en mí la vena jugona y anti-hipócrita ante semejante situación, después leí de nuevo la noticia en Misión-Tokio y esa fue la puntilla para cabrearme del todo y animarme a escribir mi opinión sobre todo este asunto, que aunque algo tarde pienso que es totalmente válida.
El detonante de todo el follón ha sido Rapely un juego de la compañía Illusionsoft que se cataloga como un simulador de violaciones en 3D, tema muy serio, la verdad. Mientras el juego se encontraba a la venta exclusivamente en Japón, nadie dijo nada, el problema real surgió bastante tiempo después tras su salida, cuando Amazon permitió la compra del juego más allá de las fronteras niponas.
Y he aquí que el juego aterrizó en USA por la gracia de la importación, y ya sabemos como son los norteamericanos con su doble moral. El juego fue torpedeado por diversas asociaciones feministas, entre ellas Equality Now, formada en USA pero de ámbito internacional. Las quejas de dichas asociaciones consiguieron eliminar a Rapely del catálogo de Amazon, pero la cosa no acabó ahí, sino que continuaron las presiones para eliminarlo completamente del mercado nipón, cosa que también lograron.


